HISTORIA Y XENOFOBIA
¿Y si concebir lo extranjero como un arquetipo no fuera más que un grosero error? En un ensayo que cuestionaba la visión occidental del Islam, visión que ignora la diversidad temporal y espacial de una realidad travestida por coyunturas geopolíticas, Saber Mansouri ya había denunciado el riesgo para la inteligencia de estas reducciones que, desde el 11 de septiembre y el asunto de las caricaturas de Mahomet, fijan una suerte de vulgata ciega (El Islam confiscado. Manifiesto para un sujeto liberado, Silbad, 2010).
Alumno de Pierre Vidal-Naquet, este helenista y arabista nacido en Nefza (Túnez) hace cuarenta años, ha puesto en cuestión muchos lugares comunes. En tanto editor, lanzó en la Editorial Fayard la colección “Maktaba”, en 2003, destinada a dar a conocer textos inéditos de la cultura árabe-musulmana. En tanto profesor, enseña en la École Pratique des Hautes Études. Y en tanto investigador e historiador especialmente del mundo griego clásico, ha remecido fuertemente las convicciones heredadas de Platón y de Aristóteles sobre el declive de las instituciones democráticas atenienses en el siglo IV, convicciones que, según sus tesis, han sido forjadas muy a menudo a partir de una idealización del pasado.
En un ensayo notable, La Démocratie athénienne, une affaire d’oisifs? (La Democracia ateniense, un asunto de ociosos?) (Editorial André Versaille, 2010), cuyo prefacio fue escrito por Claude Mossé, Mansouri revela la importancia de una población de artesanos y de comerciantes citadinos, que frecuentan el ágora y las asambleas de la Pnyx, donde se fija la ley. Además, establece cómo a pesar del decreto de Pericles que limitaba el poder cívico sólo a los varones hijos de ciudadano y de hija de ciudadano, algunos metecos lograban implicarse en la vida política de Atenas. Privados de la ciudadanía, estos extranjeros domiciliados en la ciudad y protegidos por sus leyes, no tienen nada de “parias” -la peyorativa forma semántica con la que se los denomina-, puesto que participan en la gestión fiscal y militar de la comunidad.
Tal como él intentó despertar la mirada cívica cuando el debate sobre la identidad nacional se extraviaba en la islamofobia, Saber Mansouri retoma ahora escrupulosamente el tema del extranjero en Atenas y la mirada desde afuera. Registrando los índices que ellos han dejado de su mirada de la ciudad, el autor descalifica la caricatura que los filósofos han hecho de estos índices, y que los ideólogos contemporáneos, deseosos de fundar sobre la Antigüedad más noble su intolerancia o su xenofobia, han retomado, agravándola.
Por ejemplo, el autor realiza un análisis apasionante de una intervención en el Palais-Bourbon de la diputada del ultra-derechista Front Nacional, Marie-France Stirbois, en la que ella cita a Aristóteles para oponerse a la Ley Gayssot en mayo de 1990. Ajenos a nuestras nociones de racismo y de exclusión étnica, los metecos de Atenas también participaron en la edad de oro ateniense. Deconstruyendo la imagen de un meteco imaginario, armado a partir de nuestro presente (atraído por la promesa de la prosperidad y la paz; y, sin embargo, un traidor en potencia, poco seguro y por lo tanto vigilado por las autoridades), Mansouri muestra al extranjero admitido en la ciudad en su verdadera dimensión. La dimensión de un actor implicado en la polis, que también es el asunto de los metecos.
Si bien ellos conocen en la ciudad suertes tan disímiles entre los extranjeros (¿por cada Lysias, de origen siracusano, proveniente de una familia aristocrática y orador excepcional, cuántos jóvenes aprendices hubo cuyas vidas apenas difirieron de las de los esclavos?), ellos no poseen más patria que aquella que los acoge. Un recordatorio refrescante. (1)
Philippe-Jean Catinchi, Le Monde, 24 janvier, 2011.
Tradujo: Josefina Schenke
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(1) En el original, décapant, literalmente “desoxidante”.
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