El Silencio de la Universidad Católica frente a la Crisis de la Iglesia
Por Daniel Cano
Como católico y miembro de la comunidad UC, estoy confundido. La razón, el silencio de nuestra casa de estudios respecto a la crisis actual que atraviesa la Iglesia chilena. El impacto que provocaron las denuncias por abuso sexual a menores y jóvenes por parte de sacerdotes, ha conmocionado a la sociedad en su conjunto. ¿Qué pasa con la Universidad Católica? ¿Por qué no nos pronunciamos al respecto?
Nuestra actitud de pasividad llama profundamente la atención. Como universidad, constituye uno de nuestros deberes plantearnos con actitud crítica frente a la realidad de la sociedad en que participamos y formamos parte integral. Asimismo, como universidad católica, hemos enmudecido frente a escándalos al interior de la jerarquía eclesial que nos afectan directa e indirectamente. Basta recordar el movimiento de estudiantes y ex alumnos que hace algunas semanas de manera organizada se movilizaron para presionar la renuncia del Vice Gran Canciller.
Nuestra identidad institucional está forjada en el seno de la iglesia universal, que en palabras del propio Papa Benedicto XVI ha reconocido la crisis por la que se está atravesando. Los términos han sido duros. ¿Pueden no serlos? En incontables ocasiones cuando se le ha preguntado sobre los casos de abusos sexuales de eclesiásticos en contra de niños y adolecentes, el Papa ha sido claro y enérgico. “Estamos enfrentando una terrible verdad”, ha dicho. “Las amenazas más grandes no provienen de los enemigos externos sino del pecado dentro de la Iglesia”. A partir de ello, el sumo pontífice ha destacado la “necesidad de hacer penitencia e implorar perdón”, buscando finalmente la “justicia” en los casos que se ha comprobado el abuso. Como resultado del duro, pero necesario diagnóstico, la cabeza de la Iglesia ha decidido firmemente y con capacidad de liderazgo, realizar una “profunda limpieza”. Si desde el Vaticano el diagnóstico, por más doloroso que sea, ha sido planteado con franqueza, ¿Por qué aún como universidad permanecemos inmóviles y enmudecidos, no sólo a las causas y efectos de la crisis, sino también al mensaje de la Santa Sede? Como plantea Carlos Huneeus en el último número de la revista Mensaje sobre la actitud de académicos y autoridades de nuestra universidad. “Este silencio da a entender que la crisis de la Iglesia les es ajena y que consideran que se solucionará sólo con decisiones de la Jerarquía.”1
Discrepo con Huneeus. Su sentencia tan tajante es una provocación. Hace bien, nos interpela, pero no deja espacio para la reacción. Creo firmemente que ella eventualmente surgirá. Así como las bases del problema son profundas, su análisis y reflexión no se pueden tomar con ligereza y liviandad. Requieren pausa, pero a la vez, determinación. La respuesta está por venir. Si no es así, me preocuparía. Quienes lideran nuestra comunidad estudiantil no son ajenos a la crisis, por el contrario, me consta que la están sufriendo como cualquier otro miembro de la Iglesia. Al choque inicial le siguió la desilusión y la duda, sin embargo, como lo ha repetido incansablemente el Papa, es nuestro deber reconocer, denunciar, actuar y purificar. El actual silencio en que nos hemos sumergido, lo leo con ojos de esperanza. La Universidad Católica es una comunidad de personas insertas en el mundo y en Chile. El remezón provocado por el destape de los abusos no nos deja indiferentes. Por el contrario, nos toca en la fibra más íntima. Por ello, pienso que nuestro silencio no es un silencio cómplice ni desafectado, sino un silencio prudente en espera de mayor claridad que abra paso a la verdad. Quiero creer que así será.
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1.- Carlos Huneeus. “Crisis de confianza: la Iglesia en la encrucijada” En: Mensaje, Mayo 2011, p.9
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