Religiosidad y espiritualidad a la luz de la historia: nueva publicación del profesor René Millar
Todo comenzó con la muerte. Rosa de Santa María intentó vivir su religiosidad de forma muy privada y recatada, pero al momento de su deceso el 24 de agosto de 1617, Lima se vio conmocionada con un multitudinario y apoteósico entierro. La santidad de una vida se probaba con la forma en que se moría. La muerte, velatorio, entierro y honras se convirtieron en el fundamento de la santidad. En estos hechos destacó la labor de Luisa Melgarejo, mujer virtuosa de la elite limeña admiradora de Rosa, quien al momento del entierro relató la entrada al cielo de la difunta y su encuentro con la divinidad. En efecto, la revelación de Luisa, quien más tarde sería procesada por la Inquisición a raíz de una acusación de falsa santidad, fue la que le otorgó una potente proyección social y desató la efervescencia de la población en torno a la muerte de la futura primera santa americana.
Este es uno de los casos en que el investigador y docente René Millar, con su obra Santidad, falsa santidad y posesiones demoniacas en Perú y Chile, siglos XVI y XVII (ediciones UC, 451 pp.), busca adentrarnos en la mentalidad religiosa y cultural de una época. Con este fin el autor estudia “la búsqueda espiritual, que llevaría al encuentro con la divinidad”. En este sentido la santidad fue un ideal a alcanzar por la sociedad de este tiempo, donde la falsa santidad y las posesiones demoniacas fueron aristas del mismo proceso, siendo estos tres aspectos principales los que constituyen las tres partes de la obra en cuestión. De esta forma, Millar comienza de la premisa de que las distintas manifestaciones de la santidad en la sociedad reflejan interesantes aspectos de una mentalidad colectiva.
La obra en sí es un aporte al estado de la cuestión, desde la claridad de su perspectiva de estudio, hasta el tratamiento de las fuentes sobre las cuales se sustentan sus conclusiones. En efecto, el trabajo de Millar puede ser enmarcado en la corriente de la historia de las mentalidades e historia cultural que desde la década de 1980 ha constituido la santidad como tema digno de estudio, fundamentalmente gracias a los trabajos de historiadores franceses, italianos y anglosajones, entre quienes destacan André Vauchez, Eric Suire, Sara Cabibbo y Peter Brown. Desde este punto de vista se entiende que los acentos de la obra de Millar estén dados en el campo de la cultura, mostrando una sociedad marcada por el barroco, por los contrastes –reflejado en la santidad como con las posesiones demoniacas- y por la potencia de una espiritualidad emotiva, particularmente por el influjo de la espiritualidad mística en Perú.
La concepción de que a través de la visión del fenómeno de la santidad el historiador accede a una realidad social más amplia y en definitiva a las distintas aristas que configuran una visión de mundo, tiene que ver mucho con las fuentes y el tratamiento que hace de ellas el investigador. El uso que René Millar hace de las fuentes es amplio y riguroso. El corpus de fuentes que constituye su investigación se encuentra compuesto por una abundante documentación inquisitorial, fundamental en los estudios que el autor realiza sobre las posesiones demoniacas y la falsa santidad, junto con las fuentes provenientes de los procesos de beatificación y canonización ubicados en los archivos arzobispales de las respectivas causas y en los archivos vaticanos, las cuales dan luces acerca del fenómeno de la santidad per se. Mención aparte merecen las fuentes hagiográficas –relatos de las vidas de personas que murieron con fama de santidad- en cuanto revelan una valoración y tratamiento de fuentes que corresponden a un género literario, además de la presentación de hagiografías inéditas, por ejemplo la hagiografía de la autoría del fraile Francisco Messia, hagiógrafo del venerable fray Pedro de Urraca.
En efecto, este tipo de fuentes trata sobre personajes reales, pero exponiendo hechos sobrenaturales difíciles de comprender desde una perspectiva racional. Esto sucede, tal como lo ha señalado Michel de Certeau, porque la hagiografía no pretende dar cuenta de lo “real” sino de lo que es “ejemplar”, resaltando la promoción de la figura misma del santo. En este sentido, el historiador ante esta fuente no se enfrenta a hechos en sí – por ejemplo la referencia a los milagros del santo- sino a percepciones de una sociedad que develan características de su mentalidad, en palabras de Millar: “En ellas encontraremos información sobre valores y creencias imperantes, modelos, sentimientos y aspectos varios de la vida cotidiana”. Cabe destacar que al mismo tiempo que la fuente hagiográfica proporciona información para conocer más sobre la vida del santo, también se constituye como una fuente de estudio en sí misma, que otorga información acerca de los cambios de los modelos de santidad, de las formas que una determinada orden promocionó los procesos de canonización de sus santos otorgándose al mismo tiempo un prestigio propio, o la intención de destacar el valor particular del cristianismo americano por medio de la figura del santo.
En última instancia el libro de René Millar reflexiona en torno al valor del fenómeno de lo religioso en la época del Perú Virreinal. La sociedad que se identificó con la figura de Santa Rosa de Lima, cuyos restos al momento de su muerte debieron ser salvados del acoso popular por la fuerza pública, respondió a una función social del santo como intercesor ante la divinidad a través de poderes sobrenaturales. Al respecto el lector podría preguntarse ¿dónde está la realidad y donde la ficción? La respuesta a lo anterior queda clara al recorrer las páginas escritas por Millar, en cuanto para entender la realidad del fenómeno de la santidad no es necesario creer junto a los protagonistas de los hechos, sino sólo creerles que ellos creen.
(Redactó Sebastián Rico, Programa Magíster Historia UC, Investigador Corporación Chilena de Estudios Históricos). |
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