La Revolución Romana, unos 70 años después
Ronald Syme, un historiador neozelandés, publicó en el año 1939 The Roman Revolution, un libro que modificó profundamente la manera de abordar la crisis de la República romana, específicamente su fase más aguda que se inició con el asesinato de Julio César y se extendió durante todo el gobierno de Augusto, el primer emperador romano.
A
fines del año 2010 se publicó la primera edición masiva en castellano de la traducción de la obra. Se trata de una buena traducción, una muy buena impresión (letra grande, incluso en las notas), sin imágenes y sin mapas, esto es, lo más parecida posible al original. Todo esto me ha dado el estímulo para volver a leer de punta a cabo una obra a la que accedí de manera completa hace unos treinta años, y que luego he consultado muchas veces para cuestiones puntuales.
La primera impresión con que uno se queda luego de esta relectura es que la obra se sostiene perfectamente bien en pié, sigue siendo interesante en su proposición, estimulante y útil en su lectura. Lo que permanece como más valioso es el ejercicio intelectual realizado por Syme en su época, al cuestionar y abordar desde otra óptica el significado de la época revolucionaria y la instauración de la monarquía en Roma (tal es la idea de Syme). La propuesta consistió en reconstruir la historia a partir de las acciones concretas de los personajes y no de sus discursos; de sus acciones en ‘red’ (partidos o sindicatos, como los llama) más que como figuras aisladas todopoderosas en la vida política y social; la revolución romana como un cambio de una oligarquía aristocrática de tipo senatorial a una generada por los negocios de especie plutocrática y provincial.
Sucede con la obra de Syme lo mismo que con muchas otras cuyos resultados se han incorporado en algún momento al conocimiento y análisis de un tema, esto es, que sus aportes resultan obvios mirados con posterioridad. Puede ser, pero no fue así cuando los dio a conocer a fines de la década de los treinta del siglo pasado. En ese momento significó cuestionarle la categoría de “siglo de Augusto” a ese tiempo y abordarlo en una visión social más amplia; implicó cuestionar el discurso político del poder como la gran fuente para la reconstrucción de la historia romana y, más aún, considerarlo como una forma de enmascarar las verdaderas intenciones del poder, en fin, un poder -el de Augusto- cuyo comportamiento constituía un acto de hipocresía ya que se conformaba como monarquía mientras, discursivamente, anunciaba una restauración de la República romana.
La aproximación al pasado romano llevada adelante por Ronald Syme, y como extensión a muchos otros períodos y temas, se ha mantenido, profundizado y diversificado en las décadas siguientes hasta hoy. Es un hecho que se ha ampliado, dejando a la vista los límites de la propuesta de Syme quien todavía concedía mucha centralidad al poder individual, pese a sus críticas y esfuerzos en el sentido contrario. Una parte de la historia dedicada a los siglos álgidos de las guerras civiles sigue consistiendo en una discusión con muchos de los conceptos, noticias y método que se encuentran en La Revolución Romana.
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La fotografía de archivo que muestra a un Syme más joven. Escribió la obra a los 36 años |
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La lectura de la obra de Syme unos setenta años después, nos ubica en el campo de la historia de la historiografía y en la de las ideas del siglo XX. Parece claro que perteneció a una generación que en Europa y el mundo estudió y analizó con ojos críticos el poder, especialmente aquella forma desarrollada en Alemania, Italia y que comenzaba a instalarse en España. Hay en este aspecto todo un campo en el cual sumergirse, buscando aquellas relaciones del historiador con su tiempo.
Redactó Nicolás Cruz, editor de la Página.
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