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La antigüedad. Construcción de un espacio interconectado. Cruz, N. y Balmaceda, C. (Editores). RIL Editores, 2010.

 

Alejandro Villalobos  
Universidad de San Sebastián, Concepción, Chile

 



 

 

En Abril del año 2008, se desarrolló la convocatoria e invitación a participar de la II Jornada de Historia Clásica, organizada por el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Quienes tuvimos la oportunidad de asistir a este evento nos propusimos reflexionar y profundizar sobre ciertas cuestiones del hoy, pero con vinculaciones en el mundo grecorromano. Así, las reflexiones que en este congreso se desarrollaron, invitaron a mirar la historia en su amplio espectro, tal como lo acontecido en las últimas décadas del siglo XX, periodo donde la historia parecía sumida en una aparente situación de crisis disciplinaria, momento donde las confrontaciones de paradigmas, la pérdida de confianza en el futuro de la disciplina, la disolución en especialidades cada vez más enfrentadas entre sí y con menos elementos comunes, pero más con otras ciencias humanas, hacían casi imposible mirar el presente histórico con optimismo. Ahora bien, si en algo hemos superado esa situación, es en la capacidad de mirar nuestro presente y buscar sus raíces en la experiencia del pasado lejano, donde la antigüedad tiene mucho que ofrecer, tanto es así que es en parte la antigüedad clásica rica en materia prima la que echa por tierra las  predicciones de los agoreros del “final de la Historia”. Por de pronto, mirar el presente sin considerar el pasado como modelo, es privarnos no sólo de la experiencia y de la sabiduría de otros hombres que nos precedieron, sino que también implicaría la negación del progreso material y espiritual de las sociedades occidentales.

Desde esta perspectiva, con la confianza en la historia como disciplina en construcción permanente, nos permitimos como académicos del “fin del mundo”, de América renovada, presentar este libro, cuyo título anticipa una propuesta aventurera, y quizás contestataria para algunos.  La antigüedad. Construcción de un espacio interconectado,ofrece una mirada desde el presente a la antigüedad que circundaba la cuenca del mediterráneo hace más de 2000 años atrás. Sus editores, han seleccionado trece propuestas investigativas con la intención de demostrar que en la antigüedad clásica se gestaron procesos que permitieron integrar a habitantes de lugares distantes, tales como las formas comunes de gobierno, el comercio, la circulación de ideas y las creencias religiosas, fenómenos que se asocian a una interconexión y formación de redes culturales genuinas en el mundo antiguo.

Poder analizar cada uno de estos artículos se transforma en una provocadora y sugerente duda ¿Somos tan originales en el presente?, o más bien, como cultura occidental hemos construido una sociedad cuyos paradigmas fueron creados por otros, superados únicamente en el presente por el empleo de la ciencia y la tecnología ? Estas preguntas, en el libro se hacen más perspicaces y generan una suerte de comparaciones de distinta magnitud e intensidad, tendientes a demostrar que en la época clásica se ofrecen aproximaciones al actual fenómeno de globalización como sistema planetario, y que dicho proceso no sólo comprende elementos y factores económicos como pudiéramos suponer, sino que desde la propia antigüedad incorpora la creación de circuitos espaciales que facilitan el intercambio y transferencia de bienes y servicios, como también de ideas, comercio, cultura, ejercicio del poder político, modelos organizacionales, valores e ideales humanísticos.

La antigüedad de acuerdo a estos artículos, se presenta como un conglomerado de pueblos y culturas que buscaron conservar cierta identidad pero estableciendo elementos comunes que facilitaron la transmisión de formas y expresiones de culturas y civilizaciones paralelas, dominadas espacialmente por égida de la cultura grecorromana.

Los autores de este libro creen estar frente a una interconexión, pero ¿cómo fue posible esta interconexión? Tres conceptos son claves. El primero es la dimensión, en relación con la extensión geográfica; es decir, la integración en la Antigüedad pareció derivarse de la conquista y administración de territorios sometidos por esta vía, como en el caso de Roma. El segundo factor es el volumen de la integración, que si bien fue producida por hechos políticos y militares, le siguieron aspectos económicos, sociales, culturales, religiosos y tecnológicos de manera profunda, generando situaciones y realidades nuevas que modificaron a todos los actores involucrados. Y el último concepto es el de la profundidad, que implica valorar cuál fue el nivel de identidad, de aceptación o rechazo que alcanzó esta interconexión, considerando elementos económicos, políticos militares, religiosos, tecnológicos y sociales.

Los niveles de interconexión presentes en la antigüedad romana resultan evidentes. Pero la duda es ¿corresponde hablar de globalización?.  El esfuerzo de los autores se concentra en proporcionar una mirada revisionista al pasado y contrastarlo con el presente, vinculando un modelo de aldea global en el espacio geohistórico y cultural creado y sintetizado por la Roma helenizada, la Roma Imperial.

Así, es probable que las críticas apunten a señalar que el actual proceso de globalización tenga elementos y factores del plano económico que no son abordados por los autores. No obstante, la opción tomada por el equipo editor, busca fortalecer la globalización en otros ámbitos, tal como manifestara Marc Ferro quien cree que la globalización actual, tiene como gran ventaja la facilidad y el tránsito del mundo de las ideas y no sólo es economía planetaria; por tanto es menester insistir que este es un tema que sigue en construcción. Y en este plano en el capítulo  escrito por el profesor Francesco Borghesi, “La Idea del tiempo en la Historiografía clásica”, se reflexiona respecto a cómo  se concebía el tiempo en la antigüedad, problematizando a la vez en la circulación de estas ideas en el espacio imperial a través de historiadores, filósofos, artistas e intelectuales de  la época. En el mismo plano, el capitulo de Guillermo de Santis, “Geografía literaria, cultural y política en Metahmorphoses de Apuleyo”, presenta un análisis de la importancia de la geografía cultural en el siglo II, e intenta demostrar que el primer lector de esta obra pertenece a la elite culta de Cartago y su zona de influencia cultural y política, discusión basada en una serie de antecedentes presentados por el propio Apuleyo.

De seguro esta propuesta no estará exenta de críticas; en otro plano, algunos de estos capítulos se atreven a reconocer hoy que la unificación Europea tiene un símil político-cultural con el imperio Grecorromano. Así por ejemplo, Marcelo Boeri, en el capitulo “La Ciudad Cósmica y la Concepción Estoica de la Racionalidad”, sostiene una interesantísima tesis respecto a señalar que no sólo existen coyunturas político-administrativas que conforman una cohesión y cosmópolis del mundo, este autor sostiene que es también un aporte de los diversos enfoques de la filosofía estoica. Pero para tal filosofía funcione con un efecto multiplicador e ideológico, el libro se presenta como prototipo la integración del mundo mediterráneo desarrollada por Roma, en el entendido que esta cultura se transforma en una verdadera síntesis cultural de la antigüedad, donde aparecen ciertas cuestiones políticas culturales que fueron resueltas por dicho  imperio hace dos mil años, problemáticas, en todo caso, han reaparecido y que hoy los europeos del siglo XXI pueden soportar con bastante dificultad pueden soportar.

Este tipo de problemas son en parte abordadas en el capítulo de Cecilia Amés titulado “Roma y los Otros, los cultos extranjeros”, donde se cuestiona, valora y critica la incorporación de cultos griegos a la sociedad y a las estructuras romanas respecto a cómo se crearon mecanismos de control y disciplinamiento de cultos que fueron vistos como peligrosos para la estabilidad del orden establecido, su trabajo en cierta medida, omite el tradicional beneplácito con que Roma observaba los cultos, y a partir de una fuente pone entredicho los niveles de tolerancia del estado en época Republicana. En este mismo sentido, Miguel Ruiz Stull, presenta “Poema, Exilio, diferendo y aproximación a la poética del destierro en Ovidio”, ocasión en la que analiza la experiencia del exilio y la marginación a propósito de la poesía de Ovidio, es decir desde una perspectiva distinta a la de los historiadores -la poesía- contrastando la experiencia entre lo bárbaro y lo Romano.

Probablemente,  se eche de menos en  este texto la relaciones económicas del próximo oriente, espacio donde el comercio de Asirios y Fenicios, entre otros, se basaban igualmente en una progresiva integración de los mercados que obligaba a tener constantemente en cuenta nuevos territorios y nuevas posibilidades, también nuevos competidores: se producía para esos mercados, circulaba el dinero metálico y se practicaba el préstamo financiero. En suma, un estudio dedicado de manera específica a la actividad económica en cuanto forma de integración, queda como una deuda pendiente en este texto.

Sin embargo, en este texto  es posible apreciar como aproximación a la globalización en la antigüedad la presencia de varias civilizaciones que convergen a Roma, a medio camino entre la competencia y la cooperación con Roma. Fenicios, cartagineses, etruscos, griegos, egipcios, persisten y aún se repartían distintos ámbitos del Mediterráneo, siendo este el espacio de cooperación natural del mundo grecorromano. Desde este ángulo resulta atractivo el capitulo escrito por Raúl Buono-Core, titulado Diplomacia y Navegación: Dos instrumentos para los contactos en el mediterráneo. En este capítulo, se destaca el rol facilitador de la navegación en el mediterráneo, espacio que es visto como una gran vía de comunicación que entre otras cosas, impulsa a que la diplomacia tenga los primeros atisbos con el principal objetivo de mantener la paz y armonía entre los pueblos y culturas que convergían a esta cuenca mediterránea.

En el mismo tenor, es destacable el capítulo de Nicolás Cruz, titulado y presentado a modo de pregunta ¿personas informadas en el mediterráneo antiguo?, en el que se reflexiona respecto al nivel de conectividad alcanzado por el imperio. El autor se cuestiona si la información y noticias es capaz de llegar a personas comunes y corrientes, utilizando con agudeza y solidez el poema la Eneida de Virgilio, y posteriormente destaca cómo el Cristianismo utilizó la red comunicacional que finalmente difundió el ideal cristiano en el mundo mediterráneo. En esta obra también es posible apreciar cómo las autoridades romanas contribuyeron a cohesionar la economía imperial mejorando las comunicaciones terrestres y legislando en orden a los aspectos económicos. Todo ello supuso y favoreció la especialización de los diferentes territorios. Al respecto el profesor Cesare Letta, en su capítulo Augusto y los Comienzos del culto imperial como elemento de unificación del imperio, ofrece una mirada a cómo el acto de divinización de la figura del emperador, iniciado con Augusto se transformó en una ambigüedad y problema del sistema imperial romano no resuelto del todo, donde las provincias tuvieron diferentes actuaciones al respecto, especialmente por los escenarios diversos que el imperio central deseaba consolidar. Este amplio modelo de globalización económica consiguió un alto grado de integración, también de mejoras locales al relacionarse los ámbitos provinciales en el conjunto; la contrapartida fue el control estatal, que establecía rigideces tanto por las exigencias del control como por las necesidades, que superaban las posibilidades técnicas de su mantenimiento.

Un ejemplo en esta materia se encuentra el capítulo de Alejandro Bancalari Molina titulado Modalidades de Circulación de la información oficial en el alto Imperio Romano, quien examina cómo las disposiciones imperiales, edictos, senadoconsultos, epístolas se transmiten y recorren todos los espacios imperiales, resaltando para ello el esfuerzo material de construir, ampliar y mantener sistemas de rutas terrestres y marítimas que posibilitan la difusión de ideas. También el capítulo de Alejandro Villalobos Gobernantes viajeros: El emperador Adriano, presenta cómo el centralismo del emperador manifestado a través de sus múltiples viajes logra consolidar una nueva concepción imperio y estado en terreno.

También Marcela Cubillos, nos presenta un capitulo “La Tabula Peutingeriana, entre imaginar y representar el mundo en el imperio Romano, deja en evidencia la necesidad del mundo romano de analizar y documentar la geografía circundante, y a propósito de ello presenta el “primer mapa carretero” del territorio romanizado, incluyendo a China e India, siendo una cartografía clave para valorar el mundo interconectado creado desde Roma, desde el centro a la periferia.

De este modo, me quedo con las ideas expresada por Nicolás Cruz, respecto a que el gran dilema desde la Antigüedad es la concreción de la integración y la valoración de la tolerancia cultural. No basta con la dominación político- militar como pudiera esperarse, se requiere de elementos y mecanismos de transformación del espacio dominado, desde esta perspectiva nos quedamos con la reflexión de Tácito que: …las legiones, las provincias, las flotas, todo está estrechamente unido, el derecho reinaba entre los ciudadanos….” (Anales I, 9.7). El imperio Grecorromano aprendió que la dominación requiere algo más que las armas, lo aprendió a raíz de sus propias experiencias de crisis  de dominación provincial, en este sentido el capítulo de Catalina Balmaceda “La Guerra de Yugurta: Salustio y el informe de una crisis global”, muestra cómo una crisis alejada de Roma, en África, en la periferia del imperio podía tener ribetes desestabilizadores y de crisis dramáticas. Pero es destacable que se intenta explicar la dependencia que puede generarse entre el relato histórico de un conflicto como pretexto para mostrar la situación moral en Roma. En el mismo plano, Marta Sagristani, en el capitulo “Las relaciones de Roma con las Provincias: El proconsulado de M.T. Cicerón en Cilicia”, resalta cómo roma al iniciar su expansión territoria entró en contacto con pueblos  diversos desde el punto de vista étnico, linguisticos y organizacionales, sin embargo Roma los incorpora como cives, como ciudadanos de un mundo creado por ellos, desde esa perspectiva Cicerón aparece como un verdadero agente o representante de la cultura y el Estado Romano, colaborando en el control político y el disciplinamiento social.

Por último, es bueno destacar a propósito de la activa participar de muchos estudiantes en esta jornada, todos los autores de este libro, coinciden en sus escritos en el empleo de una o más fuentes, situación que enriquece los méritos de cada capítulo, pues se ofrece una reinterpretación del pasado, sin perder la esencia de la historiografía, el trabajo con las fuentes, esta maduración historiográfica permite aproximarnos a distinto enfoques y reflexiones de pueblos y territorios, sociedades y culturas alternas que se interceptaron en el espacio mediterráneo, hoy principalmente Europeo.

Desde esta perspectiva historiográfica la integración en este libro, es vista en sus artículos como un fenómeno circunscrito al mundo Grecorromano, pero es una invitación dinámica y envolvente para conocer el pasado, valorando el cómo fue posible construir una integración y comunicación bidireccional en todo el ecúmene. Sus autores desde diferentes trincheras del conocimiento histórico tratan de responder comparativamente si ¿fue realmente la antigüedad un espacio interconectado?. Evidentemente que quien busque algún símil con el mundo global, se encontrará con una serie de aproximaciones tanto en el plano de la difusión de las ideas, el legado material del mundo Grecorromano, como en las dificultades para la dominación de un espacio geográfico, amplio, diverso, pluricultural, bilingüe y políticamente administrado por una ciudad, Roma Eterna.