Observatorio

Kirk Douglas ha cumplido cien años

Nicolás Cruz. Editor de la página

 

Kirk Douglas ha cumplido cien años de vida y este ha sido un motivo para repasar su extensa y diversificada carrera artística. Su actuación en más de setenta películas, a lo que debe agregarse sus labores como productor, lo muestra como un actor versátil capaz de representar de manera destacada a músicos, pintores, policías, asesinos, vaqueros, etc. Todo esto lo ubica como un actor destacado en lo que ha sido la corta historia del cine. Esto no es compartido por la mayor parte de los historiadores del rubro quienes mencionan muy escasamente su trabajo. Tampoco fue un actor apreciado por la academia, en cambio ha sido reconocido durante décadas por el público espectador.

           
Contando con la posibilidad de una perspectiva extensa sobre su carrera, aparecen algunos rasgos que se pueden destacar. El primero, y desde el punto de vista actoral, consiste en la fortaleza de su expresividad facial –el uso del rostro para la expresión de emociones-. En muchas de sus películas, llegada la hora de las escenas con mayores exigencias, la cámara se vuelve hacia este punto y se concentra en el. Tal fue el caso de El Trompetista (1949) en la que expresó la traumática relación del jazzista Bix Beiderbecke con la música que interpretaba. Fue unos años después cuando en la escena final de en Los Valientes Andan Solos (1962), este rasgo de Douglas alcanzó uno de sus momentos más intensos. En esta, John W. Burns, una suerte de último vaquero, muere junto a su yegua en medio de una moderna carretera. La escena era caótica ya que la yegua agonizaba en medio de violentos estertores, llovía, muchos autos se habían detenido para prestar ayuda. Algo de todo esto llegamos a saber, pero lo vemos y sentimos principalmente a través de las expresiones de Burns. En El último de la Lista (1963) el tema del rostro un carácter de humor y estudio al mostrar las transfiguraciones que fue adoptando un implacable asesino en serie.

           
En sentido contrario, el cuerpo de Kirk Douglas experimentaba pocas transformaciones a través de sus películas. Siempre de aspecto cuidado y pulcro, destacando su desarrollo pectoral, su famosa barbilla partida, el actor no logró establecer, en este plano, una relación con el personaje representado, ya se tratase de un esclavo romano, un oficial de la Primera Guerra o en alguna de las varias veces en que representó a un vaquero. Es probable que aquí se encuentre uno de los motivos de la subvaloración de su carrera.

           
Un segundo rasgo de su carrera ha consistido en abordar de manera compleja algunos temas yendo a contra corriente de las corrientes establecidas. En 1957, y bajo la dirección de Stanley Kubrick, una relación que algunos años después se tornaría problemática, encarnó en Senderos de Gloria al coronel francés Dax, un personaje encargado de evidenciar la distancia abismal entre un oficial de trincheras cercano a sus soldados en la Primera Guerra y los más altos oficiales del ejército francés, ensimismados en los círculos de poder y desdeñosos de las vidas humanas involucradas en sus decisiones. Las autoridades francesas declararon la guerra a la exhibición e intentaron influir para que no se presentara en los países de Europa.  En esta ocasión, como sucederá más adelante, Douglas movió todas sus influencias para que la película se filmase y luego luchó por su distribución. Este fue uno de los momentos en que dejó más claras sus ideas libertarias y recibió las correspondientes acusaciones de izquierdismo, algo complejo en los Estados Unidos de aquellos años.

           
El momento culminante en este plano se dio con Espartaco (1960). Allí fue el actor principal, productor ante el rechazo que habían hecho otros varios, y director en las sombras, situación que molestó a Stanley Kubrick cuando llego a dirigir un film que ya había devorado a algunos de sus colegas. Puede afirmarse que esta es la película más sentida y representativa de la carrera de Douglas. Se trata por cierto de una opinión personal de quien escribe estas líneas, pero cabe poca duda de la profunda relación que él estableció con aquel esclavo romano del siglo I a.C. que comandó una fenomenal insurrección en contra del sistema aristocrático de la Roma antigua. Todo esto lo cuenta el propio Douglas en su libro Yo Soy Espartaco (en español, Ediciones Capitán Swing, 2014). Pero hubo algo más, ya que incluyó el nombre Dalton Trumbo con plena visibilidad, en los créditos como guionista, pese a que había sido incluido en la lista negra en el tiempo de las proscripciones en Estados Unidos (Con Trumbo trabajaría también en El Último Atardecer en 1961 y en Los Valientes Andan Solos, ya mencionada). La filmación de Espartaco salió adelante gracias al compromiso personal de Kirk Douglas con el tema.

           
Kirk Douglas, nacido en 1916, y debutó en el cine en los tiempos en que, según se decía, la carrera de un actor duraba unos pocos años antes de ser desechada por un público ávido de nuevos rostros. Lo suyo, junto a varias estrellas de su época, fue una carrera actoral más extensa y compleja que nos permite disfrutar de una variedad de filmes, pero también puede servir como un buen guión de la historia misma del cine.