Observatorio

Entrevista a Pedro Prado

Autor de la novela gráfica "Santa María 1907: la marcha ha comenzado". (Ganadora de la Medalla Colibrí a la mejor novela gráfica del año 2015).

 
Entrevistó Nicolás Cruz Valdivieso

 

¿Cómo se gesta la idea de dar vida a esta novela gráfica?

Esta novela se me apareció en un tren, mientras leía la novela de Hernan Rivera Letelier Santa María de las Flores negras. No estaba en mis planes. De pronto mientras me carcajeaba con el hilarante relato de Hernán Rivera, y sus bellos personajes pensé que era un muy buen puente para acercarnos a este capítulo tan ominoso de nuestra historia. Había un “engaño” ahí en la manera como nos llevaban hasta ese terrible 21 de diciembre de 1907, que me llamó la atención. Era un paseo de curso, como lo he llegado a llamar, que se transforma de un momento a otro en una película de horror. Lo terrible es que sucedió y tenemos el deber de entender por qué. Me da la impresión que a más de 100 años del ello aun no lo hacemos.


¿Cuál es la intención de narrar la historia de Chile a través de animales?

Ese fue otro hecho no planificado. Resulta que inicialmente pensé hacer esta obra con seres humanos. Era impensable para mí, pese a que tenía el gran referente de Mous de Spiegelman, hacer este relato en clave antropomórfica. Era algo muy cercano y mi referencia más próxima era la Cantata Santa María de Luis Advis que está como en clave de Requiem. Había un antecedente de aproximación muy serio. El culpable nuevamente es Hernán. Las adjetivaciones y metáforas de sus personajes son muy animalescas: “Sudados como perros”, “echados como carneros”, “mansas como ovejas”, y el personaje central recibía el apodo de “Jote”. A su vez comenzaron a aparecer apellidos como Viera-Gallo, Santiago Toro, Manuel Vaca. Parecía que todo me llevaba hacia esa decisión. Finalmente cuando aparece el personaje de Garza Muriela no tuve más que entregarme…para mí, esto más que un acto creativo, fue un descubrimiento en el texto.


¿Cuánto tiempo de trabajo hay en Santa María 1907-La marcha ha comenzado?

Desde que emerge la idea en ese tren hasta su publicación, cuatro años. Adaptación de los textos y postulaciones al Consejo de la Cultura y las Artes de por medio…


¿Con qué películas, series, cómics o novelas gráficas dialoga?

Uf…son tantos en distintos niveles…mira, yo soy un tipo obsesivamente cinéfilo. Si un relato me atrapa, lo puedo llegar a ver 10 veces, más toda la información posible de cómo se realizó. En esa categoría para esta obra estuvo Star Wars de Georges Lucas. El cómo aborda el mañido viaje del héroe el guionista y director fue mi norte principal. Además de mi amor por esa saga, tenía elementos comunes como este viaje inesperado, un enemigo formidable y poderoso, y sobre todo un “héroe colectivo”. Fui armando las imágenes de los personajes de Hernán en función de una visualidad seductora. Un tipo desproporcionalmente alto pero noble, un pequeño que nos robe el corazón, dos protagonistas masculinos con códigos morales contrapuestos y una mujer más fuerte de carácter y decisión que todos ellos juntos. Así llegué a Campbell, Tolkien y visualmente a Hugo Pratt, Spielgman, 300 de Miller (otra marcha), Lo que el viento se llevó de Fleming, Cukor y Wood y algunos diseños de personajes de Pixar. Las referencias serían un libro aparte.


¿Cómo ves el panorama de la novela gráfica en Chile?

Me es difícil lograr ver un panorama. Hay novelas muy interesantes hechas por gente de regiones, pero Santiago es tan sordo con sus provincias. Cada editorial quiere destacar sus obras, cada medio a sus “regalones”, y se entiende, pero la calidad y aproximación de lo que se está haciendo es muy variada. Están pasando cosas, eso es innegable. Hay trabajos de una envergadura y variedad nunca antes vista en el comic nacional, pienso en Los Años de Allende de Reyes y Elgüeta, Gay gigante de Ebensperger, El Golpe de Cruz y Palomo, Lota 1960 de Romo, Mocha Dick de Ortega y Martinez, y el trabajo a otra escala que está haciendo Gabriel Rodriguez desde hace ya tiempo como dibujante de Lock and Key. Hay un salto cuantitativo del lenguaje del comic underground, que nos antecedía. Pero soy escéptico. En este país hemos tenido tantos momentos altos en lo económico y lo artístico, que se han borrado de un plumazo por no tomar decisiones a largo plazo, (lejos de la especulación comercial cortoplazista) o porque te lo bombardearon no más. Creo que el momento es bueno y hay que tratar de aprovecharlo de la mejor manera, para que quede algo para los que vienen atrás y no partan de cero en lo que a novela gráfica respecta, en términos de la industria, como nos tocó a nosotros. Una novela gráfica a diferencia de otras manifestaciones del comic y la ilustración es un proyecto de años y de muchas personas. Es como una película. Y ahí vemos como está la industria más visibilizada del cine nacional…harto material desechable, olvidable, pero con gente ganando plata. Un cine muy parecido a lo que había antes del “Nuevo Cine Chileno” de los 60. Con el único objetivo de entretener y pasar un buen rato comiendo cabritas.


¿Te interesa a futuro trabajar otros episodios de la historia de Chile?

Sí, por supuesto, pero me interesan más las buenas historias. Pese a que mis trabajos tienen un componente de investigación grande, no me llama la atención lo que se podría llamar “novela gráfica documental”. Para mí, las buenas historias son lo central, y a veces coincide que algunos capítulos de nuestra historia son muy buenos pretextos para conocer más nuestra naturaleza humana, que es lo que realmente me interesa. Hoy estoy además en un proyecto asociado al genocidio Selknam por parte de los colonos, pero en una clave totalmente distinta a “Santa María 1907”, en una más bien filosófica y amable a fin de conocerlos mejor.


¿Cuál es el potencial que tiene la novela gráfica cómo método de enseñanza de nuestra historia en las salas de clases?

El potencial es enorme, siempre y cuando no se piense como un instrumento pedagógico. Es paradógico, pero así lo pienso. He recibido en muchos lugares del país muchas felicitaciones de profesores de Historia y Lenguaje sobre como los chicos se han motivado a leer con mi novela y desde ahí a otras lecturas. Pero yo nunca la concebí para eso. Yo quería entregarle al lector una historia fascinante, atractiva. Si lo hubiera pensado para la enseñanza seguro le metía muchos más datos, referencias, notas y fichas que hubieran hecho de “Santa María 1907” un ladrillo insoportable…


¿Cómo ha sido tu experiencia mostrando tu trabajo en colegios?

Impagable. De las mejores de mi vida profesionalmente hablando. Llegar a reunirme con jóvenes que han difrutado mi trabajo y ver en sus ojos la sorpresa de enfrentar a un adulto dedicado a esto, me parece que les da esperanzas, independiente de sus vocaciones. Les hemos arrebatado tanto los sueños a nuestros niños con los famosos “Rankings de las carreras mejor pagadas”, entre otras barbaridades. Hay algunos que les fascina por el lado de la historia de Chile, otros por su inclinación al dibujo y a la escritura. Siempre hay en esos encuentros una sensación de “quién dijo que todo está perdido”, a pesar de lo terrible de la temática y de nuestro sistema educativo.


¿Cómo se relaciona tu novela gráfica con el presente?

Esto trata de una matanza ocurrida en una escuela, y durante el tiempo de creación y publicación de “Santa María 1907”, estábamos en medio del último pinguinazo. Liceos y escuelas en toma, desencanto social, autoridades con discursos calcados a los de 1907: que no negociamos con gente en paro, que el orden social, mientras, dos chiquillos asesinados en Valparaíso en medio de una marcha, otro a punto de morir por un chorro del guanaco de Carabineros… era feroz. Yo tenía una angustia enorme. Me daban ganas de ir a La Moneda y explicarles a las autoridades, de la mano de mi investigación, lo cerca que estabamos de una tragedia mayor. Seguro que el primer comentario hubiera sido: “Estás loco, eso no va pasar jamás, las consecuencias serían terribles”. Y ese era exactamente el sentir de quienes se reunieron ese día en la Escuela Santa María, miles de muertos y nadie perdió su puesto de trabajo, nadie fue responsable y al otro día de la tragedia Iquique era una taza de leche que funcionaba de las mil maravillas. Creo que la novela toca pulsiones humanas omnipresentes frente a un Estado feroz que sigue intacto como hace 100 años.


Se comenta que se viene la segunda parte de la novela gráfica: Santa María 1907-La matanza. ¿Qué puedes contarnos al respecto?

Claro, lo que se publicó finalmente terminó siendo una primera parte. El proyecto se extendió y también estaba el tema de ver si “resultaba” la apuesta. Hoy las cosas han cambiado rápidamente, pero una adaptación de una novela al comic y más aún con animales, era algo extraño. Cuando lo comentaba, la referencia nacional que la gente destacaba era Condorito ¡¡Condorito!! Y yo abordando una tragedia. Entonces, igual estaba esa cosa de “vamos a ver como le va” para ver si vale la pena tanto esfuerzo. Y nos fue magnífico. La novela ganó el IBBY-Colibrí a la mejor novela gráfica del 2015 y agotó su primera edición. Entonces ahí recién me terminé de convencer que debíamos terminar la historia. Esta está bastante avanzada. Se llama “Santa María 1907 – La matanza”, segunda parte y final, y pensaba publicarla antes de fin de año, pero los plazos se han extendido por muchos factores. Uno de ellos es su envergadura. Este es el segundo acto, con más escenarios y profundización en los personajes. Además, el apoyo en estos proyectos es muy poco. No es un encargo editorial, estás solo y el Consejo te apoya con lo que cree que necesitas, pides 5 y te da 1. Es muy raro. Algunas editoriales no entienden nada de novela gráfica y están ahí tratando el tema como un libro más. Eso refleja mi respuesta a la pregunta anterior, ¿Cómo ves el panorama de la novela gráfica en Chile? Incierto. Hay gente con gran talento, muchas ganas, bellos proyectos, pero también, al igual que con el salitre, el oro, el carbón, el agua, los bosques y tantas cosas, hay fuerzas cuyo único interés es sacar la mejor tajada de esto, con la concomitancia de algunos medios. No invertir, no jugársela por los buenos autores y ganar con riesgo cero, mientras dura esto que insisten en llamar “boom”. Algo tan de la empresa privada nacional, ¿no? Mientras tanto, somos unos hobbits que vamos con nuestros anillitos a duras penas, en la soledad de nuestras mesas, a arrojarlo para que las cosas mejoren. Pero al igual que en ese viaje, hay gente inesperada y encantadora que aparece a ayudarte. Hay harta gente tratando esto con seriedad y altura de miras. Hoy, pienso, el dibujante, ilustrador o guionista debe conectarse con su lado político y trabajar también por engrandecer el medio. Eso no lo vamos a hacer dibujando. Así que son hartos frentes. Pero ahí vamos, obstinadamente. Somos unos hobbits necios y felices