Observatorio

Viñamarinos: aburridos, excéntricos y decadentes de Catalina Porzio

Daniel Valdivieso integrante de historiaycultura.cl

 

El libro Viñamarinos: aburridos, excéntricos y decadentes, de Catalina Porzio, se divide en tres partes, “El chalet de los aburridos”, “Un balneario rabiosamente feliz” y “Casi Punta del Este, casi Biarritz, casi Acapulco”, a través de las cuales la autora retrata a la sociedad viñamarina de manera mordaz, desde los tiempos del nacimiento de la ciudad hasta los años ochenta, y tomando como eje central la biografía de sus personajes más reconocidos. Entre los viñamarinos emblemáticos escogidos por la autora para representar el espíritu de la ciudad, se cuentan personajes tan diversos como el poeta Carlos Pezoa Véliz; Felicitas Astoreca, la emperatriz del salitre; los psicópatas de Viña del Mar; y Fenelón Guajardo, el Charles Bronson chileno.

Además de las biografías, los lugares insignes de la ciudad y sus historias célebres, juegan un rol gravitante en la reconstrucción de la mitología particular de Viña del Mar. La calle Valparaíso como centro de reunión, compras y esparcimiento. La estación de trenes, donde la gente iba de paseo a ver la partida del expreso de la medianoche, a pesar de que nadie viajara, y donde las diferencias sociales se volvían evidentes.

Volvía la compasión por toda esa gente desgraciada que llenaba la estación en los días de trabajo haciendo la múltiple labor diaria. Gente campesina, obreras de fábricas, mozos con el abrigo de los amos, cargadores encorvados bajo los bultos”. Pezoa Véliz.

El Sporting Club y las carreras de caballos, como uno de los pocos lugares donde convivía la alta sociedad con el pueblo, en momentos de esparcimiento.

Desde un comienzo, la carrera dio motivo a una notable reunión social: un día de campo, en el que siempre se combinó con armonía el ambiente de gardenparty que imponían los ingleses residentes, y la remolienda. El picnic y la chingana” Lukas.

La conocida playa de Viña del Mar, como el lugar donde desde el nacimiento de la ciudad, se daba rienda suelta a la frivolidad y que funcionaba como una pasarela de la ostentación de la clase alta.

Como puede suponerse a partir de las citas a fragmentos del libro, éste tiene una gran particularidad estructural que lo vuelve una pieza interesantísima: no es su autora quién lo escribe, sino múltiples autores chilenos que a través del siglo veinte y veintiuno se han referido a Viña del Mar en sus escritos. Esta tarea de selección, ordenamiento y apropiación de las voces de los autores para construir un relato propio por parte de Porzio, está tan bien lograda, que la obra llega al lector convertida en un sólo relato, coherente y vivo, narrado a muchas voces, que brilla por su simpleza y transparencia. El resultado de este arte minucioso, parecido al del collage, o del mosaico, hace que al mirar la obra desde lejos los fragmentos nos parezcan indudablemente parte de un todo.

Entre los escritores que ponen los retazos de sus escritos al servicio de la narración del libro, se cuentan autores de distintas épocas de la literatura chilena y estilos tan diversos como Teresa Hamel, Enrique Bunster, Alfonso Alcalde, Enrique Lafourcade, Enrique Lihn, Pedro Lemebel, Marcelo Mellado y Álvaro Bisama.  Como puede desprenderse de la ácida pluma de muchos de ellos, el libro está lejos de querer realizar un homenaje, como tradicionalmente se entiende, a la ciudad y a sus habitantes.

Es precisamente eso lo que vuelve “Viñamarinos: aburridos, excéntricos y decadentes” de Catalina Porzio, un libro interesante. Que la idea del retrato, tanto de Viña del Mar, de su historia  y de sus habitantes, se construye desde la humanidad de sus historias particulares, lo que hace que el libro consiga no sólo dar cuenta del tránsito de la ciudad desde su nacimiento hasta la actualidad, sino también atrapar en sus páginas el espíritu de una ciudad.

Cada ciudad de Chile debería tener un libro que reconstruya su memoria colectiva, y su mitología particular de manera impertinente, como hace “Viñamarinos: aburridos, excéntricos y decadentes”, con Viña del Mar. Un libro que en su conjunto consigue alejarse de los solemnes y aburridos libros que suelen nacer del ejercicio de intentar dar cuenta de algo tan amplio como es una ciudad, su historia y su gente.